Desubicada es una compañera de trabajo que cumple un rol distinto al mío. Siempre está en crisis, siempre está en medio de una emergencia, y, por supuesto, nunca tiene tiempo para trabajar. Con cara de "el mundo está a punto de terminar y yo todavía no me hice la planchita" va corriendo por los pasillos de la institución, demostrando tooooodo lo que tiene que hacer, y sin hacerlo en absoluto.
Desubicada es desubicada desde todo punto de vista. Su presencia en una institución educativa ya es de por sí desubicada, ya que es una tipa carente de educación (aunque Gorda infame es peor, y peor también es Viejo choto). Es desubicada en su vestir, en su forma de arreglarse, en su excesiva preocupación por sus uñas, en su intento de hacer partícipe al resto del mundo de su preocupación por sus uñas. Es desubicada cuando le habla mal a la madre O al marido por teléfono frente a todos nosotros (es una persona que no sabe hablar por teléfono sola, se ve que le da miedo o algo), y es desubicada cuando te relata con orgullo lo mal que le habló a la madre o al marido por teléfono.
Conozcan a Desubicada:
Desubicada (corriendo con cara de Grecia Colmenares): ¡Autor, autor! (autor soy yo, no se me ocurrió nada más original, sepan disculpar).
Yo: ¿Qué te pasa, Desubicada?
Desubicada: ¿Tenés el teléfono de la Sociedad Protectora de Animales?
Yo: ...¿?
Desubicada: ¿Qué me mirás? ¿Tenés el teléfono o no?
Yo: No, no lo tengo. ¿Por qué? (¿Por qué, por qué razón yo tendría/podría/me interesaría tener el teléfono de la Sociedad Protectora de Animales? ¿Qué mierda tiene que ver ese teléfono con mi vida, conmigo, y sobre todo con mi laburo, Desubicada?!)
Desubicada: Ay, es que no sabés, desde hoy de mañana estoy intentando llamar, pasó algo terrible: cuando llegué había una comadreja en el patio!!
Yo: ¡Uh, qué garrón! ¿Lastimó a algún animalito, o algo?
Desubicada: ¡Ay no, era re buena! ¡Me dio mucha pena porque está ahí, en ese árbol, desde hoy de mañana! Quiero llamar a la Sociedad Protectora de Animales para que alguien la pueda adoptar...
Lo juro. Por mi vida. Yo también creí que era una joda, pero no, no era. Y además llamó. Ni se imaginan la furia que tuvo el resto del día, y las ochocientas treinta y dos veces que repitió indignadísima cómo se carcajeó la mina que la atendió por teléfono.
Ah, cierto, me había faltado aclararlo: Desubicada es flor, pero flor, de chota.
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