Olvidé contar que cuando Gorda Infame decidió volver de su "licencia por enfermedad", se me ocurrió la idea de suplantar a la moribunda planta hija de puta por otra igual pero viva. Todos los que me conocen (cual saludo de Cacho Bochinche) me dijeron que la idea era sencillamente estúpida, pero yo, que si alguien escribiera un blog de estas características sobre mí me llamaría "el Terco", insistí en mi idea.
Entré en Google, puse en el buscador (lo juro) "planta de hojas grandes verdes con flor blanca y pistilo amarillo", y Google me mandó a cagar, pero en su idioma, que es poniéndote veinte resultados de cosas que nada que ver. Al segundo intento directamente me respondió "no aparecen resultados en el buscador", que es lo que hace Google cuando se embola de vos; es algo así como si te dijera "flaco, buscá en El Tesoro de la Juventud o preguntale a alguna tía, dejame de hinchar". Y ahí se me ocurrió volver a la búsqueda inicial, pero buscar resultados meramente fotográficos. Y ahí, entre fotografías de Alf, jardines de infantes y minas en bolas, apareció: la espatifilus del orto.
Aprendido su nombre comenzó un periplo por diferentes viveros de la ciudad: fui desde los más grandes hasta los puestitos de 18 de julio. En el medio pasé por un edificio que tenía una planta idéntica a la moribunda, pero el portero se negó rotundamente a consultarle a la administración si estaban dispuestos a vendérmela o a permutarla por otra que yo comprase. Terminé muriendo en un florista frente a conocida empresa mortuoria, en donde me dolió poco el bolsillo pero mucho el orgullo. Cuando me vi a mí mismo, empapado (ah, cierto, OBVIAMENTE LLOVÍA), cansado, y con una planta bajo el brazo en plena noche, casi me siento a llorar en el cordón de la vereda por un ataque de patetismo. Pero no lo hice, y me tomé el bondi pensando de dónde podría sacar una pala o algo parecido.
Al día siguiente llegué temprano en la mañana a trabajar, y me convencí que mi idea, tal como me lo había mencionado todo el mundo (menos el sorete del hombrecito malévolo que vive en mi hombro derecho, quien hasta el día de hoy sigue convencido de lo contrario), era una soberana estupidez. Así que le puse un moñito, un cartel de "bienvenida!" con (hipócritas) caritas felices, y se la puse en su escritorio, tapando a la otra.
Ahora, además de todos los días escuchar el reporte de cómo su hija está sobreviviendo, y de cómo yo soy el culpable de asesinarla (hija de puta, juro que la planta hija de puta fingió todo), me agrega un "¿te dije, que la que me regalaste vó e' un matorral?".
Y todos los días, con una sonrisa, la miro y le pregunto: "¿En serio? ¡No, no me habías dicho nada!"
(suspiro).
Entré en Google, puse en el buscador (lo juro) "planta de hojas grandes verdes con flor blanca y pistilo amarillo", y Google me mandó a cagar, pero en su idioma, que es poniéndote veinte resultados de cosas que nada que ver. Al segundo intento directamente me respondió "no aparecen resultados en el buscador", que es lo que hace Google cuando se embola de vos; es algo así como si te dijera "flaco, buscá en El Tesoro de la Juventud o preguntale a alguna tía, dejame de hinchar". Y ahí se me ocurrió volver a la búsqueda inicial, pero buscar resultados meramente fotográficos. Y ahí, entre fotografías de Alf, jardines de infantes y minas en bolas, apareció: la espatifilus del orto.
Aprendido su nombre comenzó un periplo por diferentes viveros de la ciudad: fui desde los más grandes hasta los puestitos de 18 de julio. En el medio pasé por un edificio que tenía una planta idéntica a la moribunda, pero el portero se negó rotundamente a consultarle a la administración si estaban dispuestos a vendérmela o a permutarla por otra que yo comprase. Terminé muriendo en un florista frente a conocida empresa mortuoria, en donde me dolió poco el bolsillo pero mucho el orgullo. Cuando me vi a mí mismo, empapado (ah, cierto, OBVIAMENTE LLOVÍA), cansado, y con una planta bajo el brazo en plena noche, casi me siento a llorar en el cordón de la vereda por un ataque de patetismo. Pero no lo hice, y me tomé el bondi pensando de dónde podría sacar una pala o algo parecido.
Al día siguiente llegué temprano en la mañana a trabajar, y me convencí que mi idea, tal como me lo había mencionado todo el mundo (menos el sorete del hombrecito malévolo que vive en mi hombro derecho, quien hasta el día de hoy sigue convencido de lo contrario), era una soberana estupidez. Así que le puse un moñito, un cartel de "bienvenida!" con (hipócritas) caritas felices, y se la puse en su escritorio, tapando a la otra.
Ahora, además de todos los días escuchar el reporte de cómo su hija está sobreviviendo, y de cómo yo soy el culpable de asesinarla (hija de puta, juro que la planta hija de puta fingió todo), me agrega un "¿te dije, que la que me regalaste vó e' un matorral?".
Y todos los días, con una sonrisa, la miro y le pregunto: "¿En serio? ¡No, no me habías dicho nada!"
(suspiro).
2 comentarios:
planta de hojas grandes verdes con flor blanca y pistilo amarillo...
Lo busqué en Google y no encontré minas en bolas.
¡MENTIROSO!
Ja, pero logré que miraras. ¡GIL!
jejeje.
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