viernes, 28 de diciembre de 2012

Ironías de la vida

El único mensaje que recibí de "Feliz Navidad" fue de la Gorda Infame.

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Obviamente era un mensaje en cadena. Era un arbolito de navidad, formado por palabras y símbolos: algo tipo asterisco asterisco paz asterisco asterisco, al siguiente renglón asterisco asterisco asterisco amor asterisco asterisco asterisco, etc. Una pedorrada, claro, pero un deseo agradable al fin.

No, no lo interpreto como algo positivo, ni me reconcilio un poco con su imagen. Ni la extraño, tampoco. Sencillamente refuerzo mi conclusión de que mis amigos no son tan terrajas como para mandar una cadena por celular, ni necesitan decirme por sms lo que todos sabemos que sentimos entre nosotros.

Salú y felicidades para todos.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Similitudes.

Continuando con las similitudes, esta vez ningún lector me aporta nada, yo mismo lo noté solito y me aplaudo.

Si alguien vio alguna vez Graduados (telenovela bastante pasable de la vecina orilla), hay un personaje encarnado por Roberto Carnaghi, que es exactamente igual a Viejo Choto. Es viejo, es choto, habla finito y se ríe de sus propios chistes, tenga o no tenga público, pero buscándolo constantemente.


La diferencia, claro, es que Elías Goddzer es un viejito simpaticón. Y que es ficticio: nadie tiene ganas de matarlo en la vida real.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Aportes de los lectores #2

¿Se acuerdan de Animaniacs?

Animaniacs era una genial serie de dibujos animados realizada por la Warner, que tenía una galería de personajes maravillosamente inmundos. En verdad, generaciones de niños no pueden echarle la culpa a la televisión por ser imbéciles: si uno podía disfrutar el humor de Animaniacs, había futuro en el mundo.

Dentro de sus personajes había uno llamado Quiquiribú. Quiquiribú era un pollo gigante que quería ser humano. No tenemos mucha idea de su realidad volitiva: se disfrazaba de humano y pretendía ser uno, sin nosotros saber nunca bien por qué. Lo genial del asunto es que todos a su alrededor eran engañados capítulo a capítulo por este animal que ni siquiera hablaba (no, defensores de los animales, decir pío pío no es hablar, asúmanlo), salvo uno, que se desesperaba en hacerle ver a los demás que Quiquiribú no era un profesor, ni un jugador de fútbol americano, ni una reina de belleza: era sencillamente un Pollo Gigante.



Cuando esta realidad ontológica se ponía al descubierto (maravillosa justicia divina de los dibujitos animados), y todo el mundo se sorprendía con que Quiquiribú era en verdad un pollo gigante (realidad evidente para cualquiera), el capítulo sencillamente se acababa, siempre con la misma canción: "Usa disfraces / quiere ser humano / pero es un pollo / es Quiquiribú".

La Gorda Infame es mi propia versión de Quiquiribú. Siento que soy ese personaje que se desespera porque nadie ve que detrás de la Magister, Dotora, Licenciada en Educación, hay en realidad simplemente una gorda infame.

http://www.youtube.com/watch?v=uiJ9iNCZIk8

Gracias a mi ávida lectora que me hizo darme cuenta de esta maravillosa analogía.

Aportes de los lectores #1

Una lectora me comentó por privado que cuando leía acerca de la Gorda Infame se acordaba instantáneamente de la madre de la Vaca y el Pollito.



Yo, adivinándome quizás más veterano, prefiero remitirme a la señora que aparece en Tom y Jerry, obvia precursora de aquella otra.



Como sea, la imagen validísima de la señora gorda de chancletas con medias, es lo más cercano que la infancia podía vaticinarme con respecto a la miseria humana.

Sabremos cumplir.

De mis ocho seguidores, aparecen en la ventanita solo cuatro como visibles. Vean qué honesto que soy: sólo yo veo a los otros cuatro, entonces podría haberles mentido, aludiendo la existencia de, por ejemplo, ciento ocho seguidores; pero no. Y eso que era más facil mentir que sacarme cartel de humilde. Tremendo.

En fin, a los cuatro valientes y a los cuatro cobardes: disculpen mi ausencia prolongada. Y disculpen, de paso, que la plantilla que elegí usar sea una bosta. Sepan que no supe elegir otra (ni lo intenté con mucho ahínco).