Estoy aburrido de trabajar poco.
Yo sé que la gente se queja de exceso de trabajo, y yo mismo he sabido tener trabajos excesivos. Sé que el exceso de trabajo puede generarte stress (¿se escribe así?), hacerte perder el hambre o engordar veinte quilos por la ansiedad. Sé que el exceso de trabajo puede alterar tu sueño, afectar tus relaciones, no permitirte coger por meses y hacerte perder todo impulso de vida. Sé que el exceso de trabajo puede llevarte a ser un asesino en serie, a planificar una invasión, la eliminación de una pequeña nación del tercer mundo o el derrocamiento de algún capitalismo europeo. Sé que el exceso de trabajo puede llevarte a odiar profundamente a tu mujer, y no sé qué concatenación de hechos que una vez contó Galeano que terminaba en patear a tu perro. O ladrarle a Galeano. Algo así. Ojalá el perro de Galeano lo haya mordido alguna vez.
El exceso de trabajo te puede convertir en un monstruo. Pero la ausencia de trabajo en el trabajo puede convertirte en una torta de caca. O en una gorda infame, que es más o menos lo mismo.
La Gorda infame es un ser cómodo, por definición. Si buscás "gorda infame" en el diccionario (o en wikipedia, porque no sé si los diccionarios siguen existiendo, quizás la Gorda infame se los haya digerido en la crisis del 2001), de seguro te aparece un dibujo de la Gorda infame tirada en un sillón, o tirada en una cama, o en una reposera, o tirada por los suelos; ahí donde la gravedad lo indique, Gorda infame reposará plácidamente.
Dentro de esta comodidad está, naturalmente, la consecución del hacer-lo-mínimo-posible como objetivo último en la vida, y por consiguiente, en el trabajo.
Claro, uno podría pensar "¿y quién no querría eso?". Yo no. Porque estoy hablando del límite literal del hacer-lo-mínimo-posible. Estoy hablando de la diferencia entre la comodidad y la dignidad. Si uno hace literalmente lo mínimo posible, no es que meramente elija estar cómodo: es que entre levantarse al baño a mear o mearse encima, hacer-lo-mínimo-posible indica conseguir a alguien que te limpie, y no volver a pisar el baño nunca más.
Y Gorda infame está toda meada. Por completo.
Esto aplicado al trabajo no significa que Gorda infame cargue con su trabajo a todos los demás. Por un lado sí, lo hace. Pero su comodidad la lleva a un límite mucho mayor: asegurarse de que el trabajo que haya que hacer sea la menor cantidad de trabajo posible. Entonces ha dedicado sus esfuerzos a convencer a dirección y compañeros de trabajo de que nuestro sector del liceo está dedicado a "defender la autonomía de los educandos", lo cual se traduce en "manejate, pibe". Y no hay prácticamente trabajo para hacer. Y pobre de uno si se le ocurre trabajar un poco por encima de esa premisa: estás peligrando al equipo, por tu culpa ahora nos van a hacer realizar el Trabajo Administrativo (dos malas palabras: "Trabajo Administrativo" es el equivalente al Hombre de la Bolsa, el Cuco y algún otro sorete asusta niños. Que te condenen a Trabajo Administrativo es el fin. No hay vida después del Trabajo Administrativo).
Por si algún estúpido está leyendo el blog, y todavía no se dio cuenta de qué problema hay en el hecho de que no haya trabajo para hacer, entérese: convivo ocho horas por día, cinco días a la semana, con Gorda infame, Viejo choto y Desubicada, todos juntos. La vida no podría ser peor. Hasta el Trabajo Administrativo es una bella perspectiva ante tanto choto junto.
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