domingo, 25 de diciembre de 2011

Desubicada sin aderezos.

Desubicada- ¡NO! ¡NOOOO! ¡ME MUERO, ME QUIERO MORIR!!
Yo- ¿Qué pasó?!
Desubicada- No lo puedo creer, puta madre, qué mierda, qué mierda, nononono, me muero.. ¡me muero!
Yo- Cuchá, me estás preocupando, ¿qué te pasó?
Desubicada- Nooooo, no es justo, no es justo... por qué a mí, por qué!!
Yo- Escuchame Desubicada, prestame atención, calmate, ¿qué te pasa?!
Desubicada- Vos.. por casualidad... nonononono... vos, decime, ¿trajiste aderezos?
Yo- ...
Desubicada- Traje un churrasquito y una ensalada de berros, y no traje ni sal, ni aceite, ni vinagre, qué mierda!
Yo- ...
(empezamos a comer)
Desubicada- Pfffff... (da un mordisco) ... uuuuffffffff... (da otro mordisco) ... qué mierda loco, qué mierda!! (come un poco más, tira cubiertos sobre la mesa) ¡Yo no puedo comer esto, no puedo! ¡Es una mierda! ¡No puedo comer así, no tiene gusto a nada, es una mieeeerrrdaaaa! (los ojos se le salieron de las órbitas, la cabeza le empezó a girar, se le puso la piel roja. Había olor a quemado y todo).
Yo- Bue...
Desubicada- ¡¿BUÉ QUÉ??! ¡¿QUÉ PROBLEMITA TENÉS?!?
Yo- ¿Qué problema tengo? Que estoy comiendo, Desubicada, y es medio incómodo comer con alguien puteando. Que estoy comiendo un arrocito blanco, y vos te estás quejando de un churrasco, además. (Y que te odio. Que te detesto. Que no puedo creer como no te cae un rayo encima. Que no se abre un agujero abajo tuyo y no te traga la tierra. Mi problema es que no aparece un tiranosaurio y te destroza. En cualquier momento a la Gorda infame le va a dar hambre y ahí vas a ver lo que es bueno. Ojalá te mastique la cabeza. Tengo que traer algo para tentarla. Capaz que te regalo un champú de coco. A la Gorda infame le encanta el coco. Muejeje.)
Desubicada- Ay, qué exagerado que sos mijo, te va a caer mal la comida si te hacés tanta mala sangre por todo...

Entre las ganas de morir y el Trabajo Administrativo.

Estoy aburrido de trabajar poco.
Yo sé que la gente se queja de exceso de trabajo, y yo mismo he sabido tener trabajos excesivos. Sé que el exceso de trabajo puede generarte stress (¿se escribe así?), hacerte perder el hambre o engordar veinte quilos por la ansiedad. Sé que el exceso de trabajo puede alterar tu sueño, afectar tus relaciones, no permitirte coger por meses y hacerte perder todo impulso de vida. Sé que el exceso de trabajo puede llevarte a ser un asesino en serie, a planificar una invasión, la eliminación de una pequeña nación del tercer mundo o el derrocamiento de algún capitalismo europeo. Sé que el exceso de trabajo puede llevarte a odiar profundamente a tu mujer, y no sé qué concatenación de hechos que una vez contó Galeano que terminaba en patear a tu perro. O ladrarle a Galeano. Algo así. Ojalá el perro de Galeano lo haya mordido alguna vez.
El exceso de trabajo te puede convertir en un monstruo. Pero la ausencia de trabajo en el trabajo puede convertirte en una torta de caca. O en una gorda infame, que es más o menos lo mismo.
La Gorda infame es un ser cómodo, por definición. Si buscás "gorda infame" en el diccionario (o en wikipedia, porque no sé si los diccionarios siguen existiendo, quizás la Gorda infame se los haya digerido en la crisis del 2001), de seguro te aparece un dibujo de la Gorda infame tirada en un sillón, o tirada en una cama, o en una reposera, o tirada por los suelos; ahí donde la gravedad lo indique, Gorda infame reposará plácidamente.
Dentro de esta comodidad está, naturalmente, la consecución del hacer-lo-mínimo-posible como objetivo último en la vida, y por consiguiente, en el trabajo.
Claro, uno podría pensar "¿y quién no querría eso?". Yo no. Porque estoy hablando del límite literal del hacer-lo-mínimo-posible. Estoy hablando de la diferencia entre la comodidad y la dignidad. Si uno hace literalmente lo mínimo posible, no es que meramente elija estar cómodo: es que entre levantarse al baño a mear o mearse encima, hacer-lo-mínimo-posible indica conseguir a alguien que te limpie, y no volver a pisar el baño nunca más.
Y Gorda infame está toda meada. Por completo.
Esto aplicado al trabajo no significa que Gorda infame cargue con su trabajo a todos los demás. Por un lado sí, lo hace. Pero su comodidad la lleva a un límite mucho mayor: asegurarse de que el trabajo que haya que hacer sea la menor cantidad de trabajo posible. Entonces ha dedicado sus esfuerzos a convencer a dirección y compañeros de trabajo de que nuestro sector del liceo está dedicado a "defender la autonomía de los educandos", lo cual se traduce en "manejate, pibe". Y no hay prácticamente trabajo para hacer. Y pobre de uno si se le ocurre trabajar un poco por encima de esa premisa: estás peligrando al equipo, por tu culpa ahora nos van a hacer realizar el Trabajo Administrativo (dos malas palabras: "Trabajo Administrativo" es el equivalente al Hombre de la Bolsa, el Cuco y algún otro sorete asusta niños. Que te condenen a Trabajo Administrativo es el fin. No hay vida después del Trabajo Administrativo).
Por si algún estúpido está leyendo el blog, y todavía no se dio cuenta de qué problema hay en el hecho de que no haya trabajo para hacer, entérese: convivo ocho horas por día, cinco días a la semana, con Gorda infame, Viejo choto y Desubicada, todos juntos. La vida no podría ser peor. Hasta el Trabajo Administrativo es una bella perspectiva ante tanto choto junto.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

De cómo en algunos casos el asesinato automático debiera estar justificado y permitido.



"Este chiquilín vuela bajo... no es como el hermano. El hermano volaba. ¡Vo - la - ba! Este vuela bajo, tiene un techo bajito así... un pobre gurí, la verdá. Yo te digo, este viene acá ni sé para qué. ¡Si no va a llegar a nada! Y la madre, un piojo resucitado. Toda la familia. Tremendo. Ni te gastes con este, este se va derechito a febrero, por pingüino.. ja ja ja ja... ¿entendiste? Pin güi no... ja ja ja... ¿no? Los pingüinos no pueden volar, ¿entendés? ja ja ja... Yo le digo pingüino en clase, pero claro, él no entiende, se cree que es cariñoso... ja ja ja... pero si me encuentro a la madre no le puedo decir piojo resucitado, ¡te podrás imaginar! ja ja ja... pingüino... ja ja ja.. qué gracioso... aaahhh...".

De cómo un arroshado de posho y un viejo choto te pueden cagar un almuerzo de fin de mes.


(en el almuerzo)

"¿Podés creer? Pero decime, ¿podés creer? ¿se puede ser tan miserable en la vida? noooo, si no te digo shooo, la gente no trabaja porque no quiere... ahora, ¿me querés decir qué les costaba ponerle unas aceitunitas al arroshado? ¡Una porquería es esto! ¡Una porquería! Pero, ¿vos viste? ¡Mirá, mirá! ¡Probá un poquito! ¡Pero probá un poquito te digo! ¡Una mierda de arroshado de posho! Ahora, yo te digo, si Devoto sigue así... si Devoto sigue así se van a fundir. Hoy perdieron un cliente. ¡Sho no les compro más! No les compro más, ¿me oís? Pero cuchá, cuchame un poquito, ¿taaaanto les costaba meterle una aceitunita al arroshado? ¿Tanto? ¿Un poquito de panceta, de morrón, de sal aunque sea? ¡Por favor! Sho te digo, en años, pero años que hace que vengo comprando en Devoto, nunca comí algo tan insípido. Nonononono. Lo que pasa es que arroshados de posho eran los de antes, querido. Vos no sabés los arroshados de posho que hacía mi mami. ¡No! Un disparate. Un dis-pa-ra-te. Esto... esto es una mierda. ¡Una mierda! Y a mí me indigna. Porque sabés la de gente que sabe hacer arroshados de posho... la de gente que no tiene laburo, y estos pichis, porque son bichicomes los del Devoto, estos bichicomes que ni cocinar saben, le sacan el trabajo a la gente de bien, a la gente como uno. ¡No! Si no te digo sho, así está el país, y así nos va... ¿Pero vos, qué estás comiendo? ¿Qué te trajiste? ¿Arroz blanco con queso? ¡Pero pibe! ¿Ni un filetito, ni un churrasquito, nada? Tenés que comer más vaca muerta, vos. Sho asher me comí un asadito que ¡Ja! Mamma mia. Nonononono, no podés estar comiendo arrocito, qué sos, ¿pobre? ¿una mina sos? Nah, tenés que comer carne. Pero no del Devoto, ¿eh? Así está el país, dios mío... no te digo sho..."