jueves, 13 de abril de 2017

Y el amor, también.

Soy un irresponsable.

La frase tendría que haber sido "soy un escritor irresponsable", pero eso implicaría autodenominarme "escritor", y no estoy preparado para semejante calificativo. Si ustedes me acompañan en la disgresión, si comprenden que me estoy refiriendo a una condición que se aplica concretamente a este bló, entonces sí: soy un escritor irresponsable. ¡Ya sé! Soy un autor irresponsable. Autor está bien. Al fin y al cabo, soy el autor del blog.

Les decía que soy un autor irresponsable. Han pasado ya casi tres años desde mi última entrada. La misma buscaba ocultar todas estas peripecias, las aventuras de Gorda Infame y sus amigos; alguien (ya ni recuerdo quién), había descubierto este blog, y era peligroso que así fuera. Y me dediqué a ocultarlo, esconderlo, modificarle el título y las privacidades. Hubo un montón de lectores ilustres (?) de este espacio, y los dejé sin conocer el final de toda esta historieta. He ahí mi irresponsabilidad: acorde con el sentido catártico de este blog, cuando ya no lo precisé, no lo utilicé más. Me cagué en todo, como quien dice. No lo precisé más, no lo utilicé más, y sencillamente los dejé a ustedes en ascuas, sin saber cómo terminó todo. Porque sí, señoras y señores: todo terminó.

En este momento soy un hombre feliz, con una vida feliz y -sobre todas las novedades, esta- con un trabajo feliz. Tengo compañeros de laburo que son maravillosos, creo en lo que hago, lo hago con absoluta convicción y felicidad, y todas esas cosas de las que antes me burlaba porque sencillamente no podía creer la suerte que corrían varios, ellos, "los felices", los hijos de yuta (atenti la responsabilidad de género) que decían esas cosas que ahora yo digo todos los días. Los fundamentalistas del "sí se puede". Oh, sí, señoras y señores, me he convertido en uno de ellos.

Pero qué linda que es la vida.

Tengo que contarles hace años el desenlace de Gorda Infame, el fin de su reinado, cómo culminó la historia sin que nos manducara uno por uno. Le ganamos. Y lo insólito, lo más inesperado de todo esto, es que, sin perdonarle ni un ápice de todos los años de terrorismo que me hizo vivir, la recuerdo con afecto. Con afeto, diría ella. En la distancia de los años, me resulta entrañable.

Su ida dio lugar a una época aún más oscura. El reinado de Las Tres Taradas. Pero no saben lo importante que eso fue para mí: fue el empujón final a darme cuenta que me había enfermado, y que tenía que irme de ese lugar. Abandonarlo, huir, empezar de nuevo. Ya ni el humor podía salvarme, ni siquiera la existencia de este espacio. Cuando empecé a despertarme en mitad de la noche con el nudo de angustia devenido en yunque pectoral, ya no había opción posible.

Y debo pedir disculpas, también. En mi ola de odio enfermo, fui una persona horrible. Inimputable, puede ser, porque las sufrí, pero la distancia me ha permitido reconciliarme con la idea de que Gorda Infame era una pobre mina, y que yo no soy mucho mejor que ella. Ninguno de nosotros. No nos pongamos moralistas de postal, todos somos un poco una mierda y otro poco lo que podemos, Ella también. A la distancia, Gorda Infame, salú. Salud y gracias y disculpas por todo esto que -nunca supiste- escribí sobre vos. Me avergüenza un poco, pero fue mera supervivencia, creeme. Eras muy mierda conmigo y con el mundo.

Lo único que lamento es haber dejado la planta tras de mí. Debería habérmela traído a mi hogar. Hija de puta (tenía que decirlo, sepan disculpar). Pero mantiene viva la esperanza de que algún día pueda volver, y ella esté ahí, esperándome, como testigo inmortal (nos consta su inmortalidad) de los años oscuros que ya no volverán a ser.

Si no estás entendiendo nada de esta entrada, es porque tenés que ir hasta el principio y leerlo todo, vagoneta. Yo, mientras tanto, cierro por acá y prometo cada tanto escribir alguna entrada en la que les narre, desde lo anecdótico, el jugo de toda la historia del derrocamiento de Gorda Infame, el reinado de Las Tres Chotas (ya sé que dije Taradas antes, es que su identidad se iba modificando día a día, así que cabe la alteración nominal), y mi huida con pena y con gloria del sistema de educación secundaria. Lo prometo. Ya les spoileé el final (siempre quise escribir eso), por lo que tampoco es tan imperativo que les tire huesitos anecdóticos, sean pacientes, quien espera tres años puede esperar más.

Y si recién llegás y ya estás impaciente por leer todas las entradas anteriores de este bló, enterate: fue mi salvavidas en un momento duro. No mucho más.

El humor salvará al mundo, gurises.

Y el amor también, si me permiten ser paloma.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Se armó la gorda.

Este blog se llamaba "Estampas de mi laburo (o estampado por el mismo)". Le cambié el nombre porque había sido descubierto, pero me dio pereza eliminar tanta genialidá (?).

martes, 10 de septiembre de 2013

domingo, 8 de septiembre de 2013

Por si hay algún retrasado mental

que no tenga afinadita la comprensión lectora, cabe aclarar:

Con motivo de la entrada denominada "Carlitos", queremos destacar que ninguno de los autores de este blog tiene ningún tipo de problema, inconveniente ni prurito con respecto al sexo oral. No nos molesta que Gorda Infame disfrute de su sexualidad, tampoco. No nos molesta que nadie disfrute su sexualidad. Alentamos este tipo de conductas, de hecho. Conservamos la esperanza de que si Gorda Infame mantiene sexo sea más feliz, salga del lado oscuro, y comience a hacer el bien. No lo creemos, así como no creemos en dios (ni en escribir "dios" con mayúscula) pero es una posibilidad. Nos reservamos el derecho a creerla incapaz de disfrute ni goce; eso no es discriminar a nadie, es ser descriptivo o interpretar la realidad desde nuestra experiencia cotidiana. No tenemos moralina alguna; no aprobamos el adulterio, pero eso es problema del señor cuyo miembro viril se somete a torturas bucales eventualmente, no de Gorda Infame, y creemos fervientemente que el adulterio es el menor de los males de ese cristiano.
También nos reservamos el derecho de hablar en la primera persona del plural cuando en realidad somos uno solo los escritores de este blog, pero eso no tiene nada que ver con el tema.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Aporte de nuestros lectores #perdimoslacuenta


Aporte de nuestros lectores:

Si Gorda Infame tuviera talento y viviera en Hawai, se vería exactamente así:

http://www.youtube.com/watch?v=w_DKWlrA24k

¡Gracias! Hicimos chilenas en el aire con la comparación.

Carlitos.

¡La puta que me parioooooooooó, la puta que me parioooooooó, no puede ser, no puede ser, la puta que me pariooooooooó! ♫♪ (cantadito, al mejor estilo Tano Pasman) (si no sabés quién es el Tano Pasman andá a youtube y hacete digno lector de este bló).


¡Gorda Infame ES AMANTE DE ALGUIEN!!

Es decir: alguien está tan cagado por la vida, que además de tener esposa, tiene como segunda opción, como amanta, como ¿objeto de su deseo? (nooooooo, nooooooooo, no puedo ni escribirlo) a Gorda Infame.

Siempre hay un roto para un descosido, dicen, y en este caso para coser esa rotura habría que conseguir toneladas de hilo y aguja.

Por medios ilícitos que no nos enorgullecen y que no podemos especificar, dimos con la siguiente información: la gorda sale con un hombre casado, a quien esporádicamente le presta dinero, y esporádicamente le realiza (mis dedos se niegan, mis dedos se niegan) le realiza (aaaaaaaarrrrrgggghhhh) le realiza SEXO ORAL. Punto, me fui a pegar un tiro en la imaginación.

Lo mejor (o lo peor, las fronteras son difusas) es que, no contenta con engullirle su humanidad al pobre infeliz (tiene que ser infeliz, debe ser infeliz, no hay posibilidad de que algo sea feliz dentro de esa boca), no contenta con esto: LE PUSO NOMBRE A SU MIEMBRO VIRIL.

Y claro, no le puso Jorge Luis Borges. Le puso Carlitos. Carlitos, como la rima con dejate en paz ese pito. Así le puso. Carlitos.

Entonces la muy soreta mantiene conversaciones telefónicas frente a mi, en donde se despide diciendo cosas tales como "mandale un besito a Carlitos", COMO SI YO NO ME DIERA CUENTA QUE LE ESTÁS HABLANDO DE SUCCIONARLE EL PENE, HIJA DE PUTA.

Ta, eso. Vomiten en masa.

Exhorto a los lectores de este blog a no ponerle nombre a sus pitos, o a los pitos de sus eventuales amantes. Y si se lo ponen, no ponerle Carlitos. Si no, al momento de dar/recibir una chupada, puede aparecérseles Gorda Infame en la imaginación.

Y miren que Gorda Infame ocupa mucho espacio...

viernes, 9 de agosto de 2013

Umsu puner

Gorda Infame es tan crá que hasta tiene la (dudosa) virtud de saber hablar con faltas de ortografía.

Quizás tengamos algún psicopedagogo entre nuestros seguidores (aaah, cómo me rinde hablar desde la primera persona del plural), que nos pueda ilustrar acerca de si existe y cómo se llama la dislexia oral que Gorda Infame sufre. Si bien estamos seguros que la academia desconoce el caso de Gorda Infame (debido a que la misma no se encuentra actualmente en un circo o en un zoológico o en un laboratorio de investigación, al menos), también tenemos la sospecha de que Gorda Infame es un caso sin precedentes (o simpresentes, como ella gusta decir), y de que no debe existir registro suyo en enciclopedias, ni estudios varios.

Ya hemos hablado en otras ocasiones sobre las palabras mal pronunciadas, y las letras (y refuerzos) que Gorda Infame se come cada día. Pero hay un detalle que aún no había mencionado por aquí, y creo que ya es tiempo (?)

Tengo dos compañeros de trabajo que tienen apodos breves. Un suponer (me encanta esa expresión) (Gorda Infame dice "Umsu puner"): Tito y Caru. Hace años que trabajamos juntos, hace años que sabemos que sus apodos son Tito y Caru, la gente en el planeta ya ha olvidado sus nombres, sus cédulas desaparecieron; la gente les dice Tito y Caru un promedio de treinta y ocho veces por minuto. En serio, se escucha mucho decir (los equivalentes reales de) Tito y Caru por acá.

Bueno, Gorda Infame está convencida de que Tito es Titu, y de que Caru es Canu.

Así de arbitrario. No puede decirles de otra forma. Titu, Canu, obviamente precedidos de los artículos el/la correspondientes.

¿Alguien que nos auxilie (me sigue rindiendo, qué lo tiró, soy uno solo, no soy muchos, pero seguiré hablando como si fuera muchos) y nos diga qué nombre real tiene la dislexia oral que Gorda Infame tiene? Porque no le quiero llamar "dislexia oral"; podría entenderse que tiene algún tipo de insuficiencia para utilizar otra de las funciones de su boca, léase comer, y les juro, les jur(amos), que eso no le cuesta en lo más mínimo.