Es increíble cómo algunas personas tienen la capacidad de mentir y después olvidarse de las mentiras que dicen.
Digo yo, si vas a mentir, por lo menos esmerate. Tené cuidado con los detalles, no te contradigas, anotate en algún lado la mentira que dijiste, como para no olvidarte.
Yo no sé mentir bien. Siempre me confundo en lo que dije, sudo, mascullo las palabras (en vez de decir "lo que pasa es que tal cosa", digo cosas como "loqsa es que pffffff", o algo así). A menos que tenga que hacer una representación teatral, por ejemplo, en donde tengo claro que la mentira no tiene ninguna carga moral negativa, no me sale, me siento idiota, y sé que inevitablemente la gente terminará dándose cuenta y pensando "pero qué idiota".
Gorda Infame hace de la mentira un arte. Le dedica un gran porcentaje de su vida a inventar y adornar meticulosamente cada una de las mentiras que dice. Describe cada detalle con tanto ahínco y esmero, que termina diciendo cualquier divague. "Mi madre, que es una mujer profesional, de las profesionales de antes, de esa época en la que las mujeres no podían votar, aunque mi madre si votaba, una vez fue al cuartito de votación y le dijo al hombre, en ese cuartito que quedaba enfrente a una canchita, viste la cancha? era de ese hombre, que no sabés, el tipo estaba enamorado de mi madre, después se enamoró de mí, de mí se enamoraron cientos de hombres, pero yo tengo que cuidar a mi madre, pero se enamoraron tantos de mí, y se peleaban, hubo dos que se mataron, hubo otro que cruzó nadando el océano pacífico, y ese me traía una rosa entre los dientes, cuatro días estuvo nadando, pero yo le dije que no, porque tenía olor a húmedo, mi madre no tiene olor a húmedo porque yo la perfumo, porque ella me da pena, si nunca estudió nada (nótese que diez segundos antes había dicho que su madre era una profesional). ¿Querés un bizcocho?".
Yo, ya saben. Asiento, sonrío, digo "mmmh", digo "ajá", digo "mirá vos", digo "qué disparate"... y pienso mentalmente como atragantarle el bizcocho para que se calle y muera de una vez.
La mentira tiene patas cortas, sí. Y pesa como doscientos ochenta quilos.